martes, 23 de noviembre de 2010

“¡Cuidado con el escalón!” O cómo guiar a una persona ciega

Hace algunos días salí a cenar con un grupo de amigos, algo natural en la vida cotidiana de cualquier persona. Íbamos andando por la calle de forma normal. En un momento dado, el chico que en aquel momento me guiaba detuvo su paso y me dijo: “¡Cuidado con el escalón!” Muchas personas pensarán: “claro, te avisa para que no tropieces”.

Pero eso es justo una forma incorrecta de guiar a una persona ciega. Así pues, esta anécdota me ha dado la idea de comentar algunas pautas fundamentales que debe conocer alguien que, por la circunstancia que sea, deba hacer de guía de una persona ciega y nunca en su vida lo ha hecho.

Deja que el ciego te tome del brazo y anda medio paso por delante de él. De esta forma, podrá seguir los movimientos de tu cuerpo, y así saber si subes o bajas un escalón, si vas hacia delante o hacia atrás, o si giras a la derecha o a la izquierda, y le dará tiempo a reaccionar. No hace falta que pongas tu brazo en tensión, sino todo lo contrario (más que nada porque quizá podría acabar resentido si debéis realizar un largo recorrido juntos y lo llevas mucho rato en tensión). Así tampoco deberás interrumpir la conversación que estéis teniendo cada dos minutos para indicar que hay un escalón, o que vais a girar, etc.

Cuando debáis pasar por un camino o pasillo estrecho, sólo mueve tu brazo lijeramente hacia tu espalda. Con este gesto, la persona ciega entenderá que debe situarse detrás de ti para pasar. Después de haber pasado, regresa tu brazo a la posición normal.

Recuerda también que el hecho de que una persona sea ciega no quiere decir que necesite andar a una velocidad más lenta que la tuya. En este caso, el ciego se adaptará a la velocidad que tú lleves sin ningún problema.

Ah, y otra cosa muy importante. Si por lo que sea tienes que ayudar a un ciego, por favor, no le empujes. Hay gente que, por pura ignorancia, tiende a agarrarle por la espalda e ir empujándole para que ande. Fue lo que me pasó el otro d´´ia con el conductor de un autobús. El motor se fastidió y tuvimos que cambiar de coche, por lo que él me ayudó a subir al otro bus, y mientras me iba guiando lo que hacía era que me empujaba. Y esto, mi querido lector, es un error garrafal. Si tienes que guiar a alguien, hazlo de la forma que se indica más arriba. Porque si empujas, causas inseguridad a la persona.

Remite esta información a todo el que sea posible, pues creo que hay mucha gente a quien le interesaría conocerla. Gente como un hombre a quien me encontré un día en la iglesia en una de las ocasiones en las que tenía una actuación, que se notaba que no había guiado a un ciego en su vida, pues para subir un simple escalón me levantó literalmente del suelo.

Si tienes alguna duda o sugerencia, no dudes en preguntar o decir lo que quieras... ¡para eso estamos!

viernes, 6 de agosto de 2010

Apoyo a Servando Pérez Domínguez

No sé si alguno de vosotros habrá oído ya hablar de este hombre. Pero por si no es así, os pondré en antecedentes.

Servando tiene 42 años y es de Santiago de Compostela (aquí en España). Padece una rara enfermedad de la que casi nadie tiene conocimiento: el síndrome de la sensibilidad química múltiple. Se trata de una patología que, tal como su nombre indica, hace que las personas que la sufren experimenten una elevada sensibilidad a cualquier tipo de elemento químico, provocándoles reacciones alérgicas que pueden llegar a ser de dimensiones bastante fuertes.

El periódico El Mundo, en su edición digital del 17 de mayo de 2008 define muy bien este síndrome, de la siguiente manera:

El síndrome de sensibilidad química múltiple es la respuesta fisiológica de algunos individuos frente a multitud de agentes y compuestos químicos
que se pueden encontrar en el medio ambiente (incluso en niveles muy pequeños). Desde metales a alimentos, pasando por medicamentos, productos de perfumería,
insecticidas, humos...

Descrita por primera vez a mediados de los ochenta, esta enfermedad provoca síntomas y reacciones muy diversas en función de cada persona y de su grado
de afectación, por lo que ha estado siempre rodeada de cierta controversia (hasta el punto de que algunos investigadores, y la propia Organización Mundial
de la Salud no lo consideran una enfermedad propiamente dicha).

Para los afectados por esta 'enfermedad ambiental', que según las estadísticas oscilan entre el 1% y el 10% de la población, el entorno se vuelve un medio
hostil y sus síntomas (también muy variados) pueden limitar gravemente su calidad de vida y su capacidad para trabajar.

La reacción 'alérgica' de su cuerpo puede manifestarse mediante dolores de cabeza recurrentes, insomnio, depresión, dificultades para respirar, palpitaciones,
náuseas y vómitos, irritaciones de la piel o trastornos más serios como impotencia, diarreas recurrentes, taquicardia o hipertensión.

La Sensibilidad Química Múltiple o Intolerancia Ambiental Idiopática suele iniciarse por la exposición grave a algún producto químico en un período de tiempo
corto. A partir de ese momento, el organismo de estas personas parece desarrollar intolerancia incluso ante niveles mínimos de algunos compuestos (como
la tinta de los periódicos), hasta el punto de que muchas deben recurrir al uso de mascarillas en ciertos ambientes.
(Diario El Mundo, 17/05/2008).

EL problema de Servando es que necesita un tratamiento que la sanidad pública española no ofrece, por lo que debe recibirlo en una clínica especializada. Él no tiene posibilidad de hacer frente al coste de este tratamiento y, el Gobierno español, el cual teóricamente debe hacerse cargo de estos gastos en caso de que el afectado lo necesite, no está haciendo nada por ayudarle. Ahora se encuentra ingresado en el Hospital Universitario de Santiago de Compostela, por notable empeoramiento de su estado de salud. A tal extremo ha llegado la situación, que el paciente tiene muy claro que no se va a ir a su casa sin el tratamiento pertinente, por lo que en este momento está llevando a cabo una huelga de hambre, como una llamada de atención, a ver si así la administración pública se digna a hacerle caso y a prestarle la ayuda que precisa.

Pero no lo hace por una sencilla razón. Y es que llevan tiempo demostrando que prefieren gastarse el dinero en gilipolleces varias (con perdón) como por ejemplo, coches oficiales, viajes aquí y allá, lujos de toda índole, obras y acciones innecesarias, y un largo etcétera, que si tuviera que nombrarlo me pasaría, creo yo, que toda una eternidad.

¿Y por qué escribo esta entrada? Ni más ni menos, porque considero que Servando, queramos o no, también es una persona con una discapacidad, al igual que los demás afectados por esta enfermedad y otras, provocadas, todas ellas, por la intoxicación con amalgama de mercurio. Cuando supe por primera vez de su situación, sentí que no podía quedarme indiferente. Por eso, creo que como periodista, y también como persona con una discapacidad, debo mostrar mi apoyo a Servando, así como a otras personas que necesiten cualquier tipo de ayuda, quienes siempre merecerán un sitio en mi blog.

Y a vosotros, mis queridos lectores, os pido que hagáis la mayor difusión posible de esta entrada, pues de este modo habrá millones de voces unidas por una única causa, que es la de dar apoyo a una persona discapacitada que necesita ayuda, ayuda para lograr que la situación que le ha tocado vivir le resulte algo más llevadera.

Para quien quiera más información, abajo copio una nota de prensa que hace algunos días llegó a mis manos y que, en mi opinión, explica de forma bastante clara la situación de la que llevo hablando a lo largo de toda esta entrada.

Agradezco enormemente a todos vuestra atención, y recordad que muchas veces, con el gesto más insignificante podemos cambiarle a alguien la.

Nota de prensa
4 de agosto de 2010



Servando Pérez Domínguez de 42 años, exprofesor de ciencias de la educación de la USC, Universidad de Santiago de Compostela, ingresó el pasado 29 de junio en el Hospital Clínico Universitario de Santiago. Presentaba un cuadro de empeoramiento por la intoxicación crónica por amalgama dental de mercurio (empastes de “plata”) que sufre desde 1998.



Es Fundador y Presidente de MERCURIADOS --www.mercuriados.org--, Vicepresidente Primero de la "World Alliance for Mercury-Free Dentistry") y miembro del Comité Nacional para el Reconocimiento del Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple. Sufre hidrargirismo, síndrome de sensibilidad química múltiple, entre otros problemas graves de salud, por lo que se le concedió la Incapacidad permanente absoluta en 2009, reconocida con efectos retroactivos desde 2007 por sentencia judicial firme.



El servicio de urgencias del Hospital Clínico Galego, le administró un tratamiento analgésico y el alta hospitalaria, pese a que él requirió que necesitaba un tratamiento específico de desintoxicación, (quelación) tal como reconocen los propios médicos del complejo sanitario desde 2005. Dicho tratamiento, según el propio equipo médico del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) y por otros toxicólogos de referencia en la materia, no es ofertado por el sistema sanitario público español, habiendo alguna clínica privada en España y el extranjero que puede llevarlo a cabo con garantías.



Ante esta situación el paciente decidió que no volvería a su casa sin el tratamiento adecuado. Casi un mes después y tras numerosos intentos de acceder al tratamiento requerido -su estado de salud empeora día a día-, ha recibido el diagnóstico de enfermedad psiquiátrica, una nueva alta hospitalaria sin especificar motivo y una amenaza de tener que pagar la factura de su estancia hospitalaria “como si hubiera estado en un hotel de cinco estrellas”.



El trato sufrido por Servando Pérez Domínguez es un ejemplo más del que reciben a diario en los hospitales los enfermos ambientales, excluidos de la atención sanitaria pertinente, en ocasiones por desconocimiento y en otras por claros intereses económicos.



Este caso pone en evidencia una realidad, contra la que luchamos miles de personas asociadas en España y a nivel mundial, afectadas por Enfermedades Ambientales.



Las Enfermedades Ambientales Emergentes son un conjunto de enfermedades complejas, derivadas del uso o abuso de sustancias tóxicas cotidianas, y que suponen un factor de exclusión social, ya que históricamente los riesgos ambientales se han trasladado del campo laboral al espacio público.



Concretamente, en el caso del SÍNDROME QUÍMICO MÚLTIPLE, en nuestro país se calcula que tiene una incidencia del 12%, y afecta a casi 5 millones de personas, siendo un 0,75% (unas 300.000 personas) la población afectada en grado severo (Fernández- Solà y Noguè:2007[1]). El progresivo aumento de estas cifras en los últimos años indica una clara tendencia creciente de esta patología, por lo que nuestros Sistemas Sanitarios Públicos deben estar informados y preparados para atender a esta población y prevenir la emergencia de miles de casos anuales.



El Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, (SQM) está reconocido por algunos sistemas sanitarios, como los de Alemania, Austria o Japón. En países como Canadá, EEUU, Suecia, Dinamarca o Australia van muy avanzados a este respecto, mientras que en España sigue siendo desatendida. Además, nos encontramos con otras enfermedades ambientales como es el caso de las intoxicaciones crónicas por mercurio, amianto, Electrohipersensibilidad, Síndrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia, Afectados por Dimetilfumarato, Candidiasis Crónica, entre otros.



La política gubernamental española aún no ha desarrollado mecanismos para sensibilizar a la ciudadanía frente a los riesgos de los agentes tóxicos que rodean nuestra vida cotidiana y de los efectos que tienen sobre la salud. Prueba de ello somos las personas afectadas por estas sustancias.



Aunque los tratamientos para enfermos ambientales no estén implementados en nuestro país, bien es cierto que ya se están aplicando con estrictos protocolos y controles sanitarios en otros países. Prueba de ello es el siguiente artículo:



SSQM, SFC, FM: IMPORTANTES ESTUDIOS CONFIRMAN LAS INVESTIGACIONES DEL DR. PALL SOBRE LOS MECANISMOS DE ESTAS PATOLOGÍAS



Las personas afectadas por estas patologías no podemos esperar a que se obtengan los recursos humanos y materiales para procurar los tratamientos que necesitamos con la rigurosidad y experiencia que requieren, dada la complejidad que suponen. Conseguir estos medios es un proceso excesivamente largo, y los enfermos necesitamos respuestas URGENTES. Es el Gobierno español el que debe de hacerse cargo de los gastos generados por estos tratamientos en clínicas especializadas.



Mientras tanto, Servando Pérez Domínguez HA INICIADO UNA HUELGA DE HAMBRE, como protesta ante la falta de atención sanitaria que está recibiendo y como respuesta al sinfín de pruebas disuasorias que se le vienen practicando sin ofrecer el tratamiento que requiere.



Agradeciéndole de antemano su apoyo, reciba nuestro saludo más cordial.


FDO.: Montserrat Manzaneque García




P.D.: Somos muchos los afectados por el mercurio de amalgamas dentales y otros tóxicos, y aún muchos más los enfermos que hoy por hoy desconocen la causa de sus patologías. Nunca llegaré a entender porqué pusieron mercurio dentro de mi boca cuando tenía 12 años, ni mucho menos porqué se sigue poniendo aún en la actualidad.



EL Dr. Martin Pall, investigador de renombrado prestigio especializado en SSQM, ha remitido un escrito al hospital de Santiago informando sobre la enfermedad, indicando que claramente que la SSQM es una enfermedad orgánica y no psiquiátrica, y rogando se le administre el tratamiento necesario al Sr. Pérez Domínguez y se le atienda con todas las precauciones que necesita un afectado por SSQM.



--------------------------------------------------------------------------------

[1] Fernández-Solà J, Nogué S. Sensibilidad química y ambiental múltiple. JANO Med Humanid. 2007;(1662):27-30

viernes, 4 de junio de 2010

Taxistas estafadores (2ª entrega)

En la entrada anterior os ponía un enlace a un vídeo en el que se veía cómo un reportero del programa CQC se hacía pasar por ciego, poniendo a prueba a un taxista de Madrid. Éste, efectivamente, no supera dicha prueba y se a provecha del supuesto ciego, llevándole por una ruta incorrecta y por supuesto, cobrando casi el triple de lo que le habría correspondido cobrar.

Pues bien, hoy la cosa no se trata de ningún vídeo, sino de la experiencia que yo misma he vivido. Hoy un taxista ha intentado aprovecharse de mi ceguera. Sí, sólo lo ha intentado, porque he tenido la suerte de saber ver sus intenciones a tiempo y no caer.


Como suelo hacer de vez en cuando, esta tarde llamé a la emisora de taxis que hay aquí en el barrio, para que me mandaran un coche a recogerme. Se trata de una compañía a la que considero de mucha confianza, por el buen servicio y trato que suelen dar al cliente y, además, por tener siempre a los dos minutos de llamarles un taxi delante de mi puerta, debido a la proximidad a la que se encuentran. Por este motivo no se me ocurrió, como se aconseja que un ciego haga siempre, pedir que me dijeran qué número de licencia tenía el taxi que me vendría a buscar, pues los taxistas que trabajan en esa emisora siempre se han portado estupendamente conmigo y nunca he tenido nada de qué sospechar.

Pero hoy ha sido totalmente distinto. Yo subí al taxi, le di la dirección al taxista, y durante el trayecto tuvimos una pequeña charla, nada del otro mundo, solamente para romper un poquito el silencio. Hasta ahí todo normal, hasta que llegamos a nuestro destino.

Al momento de preguntarle al taxista qué era lo que le debía, me indicó un precio más elevado que lo que suele costarme esta ruta. Por un momento me quedé pensando. El trayecto había sido el de siempre, nada de atascos, retenciones o cosas por el estilo. Así que en ese momento, todas las alarmas se me dispararon.

-Perdona, pero yo nunca he pagado esto, -le dije.
-Pues es lo que marca el taxímetro, -me dice todo tranquilo.
-No te estoy engañando, enserio. -me dice.

En ese momento me di cuenta de que lo que no había hecho era cambiarme la tarifa. Para que todo fuera bien debíamos llevar la tarifa 2, que es digamos la más barata. Pues el caballero (por llamarle de alguna forma) me mantuvo durante todo el camino la tarifa 1, que es más cara, y que te la encasquetan cuando te vas a una zona turística como es dónde yo vivo. Lo que más rabia me dio es que intentara tratarme de imbécil, y yo seré ciega, pero de imbécil no tengo nada, también me doy cuenta de las cosas.

"Discúlpame, pero hasta las nueve de la noche tienes que circular con la tarifa 2, así que lo que me pides no te lo voy a dar, porque no te corresponde", fui capaz de decirle con una gran seguridad y totalmente convencida, pagándole finalmente la cantidad que siempre pago por ese trayecto en cuestión. Y el señor aún me intentaba hacer creer que la tarifa 2 duraba solamente hasta las siete. Si hubiera sido la primera vez que cogía un taxi, habría caído como una tonta. Pero como llevo yendo en ellos bastantes años, sé cómo funciona el tema, así que ningún taxista puede venirme con tonterías. Y todavía el tío me decía: "Dame lo que quieras, pero no te estoy engañando, enserio, pregúntale a otro taxista". Y yo pensaba: "Más te vale que no le pregunte a ningún otro taxista, si no quieres que todo el mundo se entere de que has intentado aprovecharte de las circunstancias para robar el dinero de un pasajero".

Lo cierto es que es muy triste tener que ir con cuidado de que no te vayan a timar los taxistas de tu emisora de confianza. Y a los compañeros ciegos que estén leyendo esto, aconsejarles que siempre que vayan a subir a un taxi, pero siempre, se enteren previamente de su número de licencia, pues aunque parezca una tontería, es un dato importante para poder denunciar en el momento en que nos ocurra algún incidente de este tipo. Así que nada, compañeros, tened mucho cuidado hasta con los taxistas de vuestra emisora de confianza, ya que como suele decirse, quien menos te esperes será quien te dé o intente darte una buena patada en el trasero.

viernes, 14 de mayo de 2010

Taxistas estafadores (Madrid)

Os pongo el enlace a un vídeo de You Tube, en el que en el programa CQC el reportero se hace pasar por ciego, poniendo así a prueba a un taxista de Madrid. ¿Superará el taxista su prueba? Vedlo vosotros mismos, y dejad comentarios si os apetece. Besitos.

http://www.youtube.com/watch?v=qtJxWmaqJrA

domingo, 2 de mayo de 2010

Ignorancia, esa tan mala compañera

La ignorancia es una mala compañera en cualquier caso, pero en el momento que hablamos de ceguera, lo es aún más, pues si la sociedad padece de ignorancia a la hora de ver la ceguera, nunca conseguiremos llevar una vida totalmente normal, y que se nos trate con total igualdad y normalidad, y no como bichos raros, personas que somos una carga, o desvalidos a los que permanentemente se nos ha de estar cuidando.

Todo esto viene a que esta tarde me ha ocurrido lo siguiente. Yo me encontraba en la iglesia, como casi cada domingo. En esta ocasión, colaboré cantando alguna que otra canción en el micrófono, dirigiendo así en el canto al pueblo. Pues bien, al final de la misa se me acerca una pareja de ancianos que ya conocía anteriormente, y que cada año vienen desde la bonita tierra de Asturias a pasar una temporada en la isla. Los dos me saludaron, dándome un fuerte abrazo después de tanto tiempo sin vernos. Hasta ahí todo normal, hasta que entre el señor y yo surge la siguiente conversación:

-¿Y qué tal está tu madre? -me pregunta.

-Bien... -le respondo.

-Pobrecilla, ya tiene bastante... con atenderte a ti... -fue su genial y sabia respuesta (con toda la ironía del mundo).

En ese momento, mi respuesta fue: "¿Pero que está usted diciendo, hombre? ¡Tampoco es tan grave!

Esta anécdota, siempre en cualquier lugar y con cualquier tipo de persona, me ocurre bastante a menudo. Por ejemplo, gente que cree que no la oyes, y después de saludarte y cuando aún está a un par de metros suelta de su boca algo así como "pobrecita...", hay a montones. Y claro, se creen que aparte de ciegos también somos sordos, y que no les escuchamos, y vaya si les escuchamos. También están aquellos/as que te ayudan en exceso, pues creen que no somos capaces de nada. O los que van con tanto cuidado con nosotros porque creen que nos podemos romper...

Alguna vez, cuando te encuentras a una persona así, te pilla tan cabreada que, sin poder evitarlo, le respondes de mala manera. Pero casi todos los días siempre te ocurre lo mismo y, a pesar de que cierto es que tendrás que convivir con ello toda tu vida, nunca llegas a aceptarlo del todo.

Y ojalá esta ignorancia de la que hablo algún día llegue a desaparecer completamente. Ojalá personas como este hombre que he mencionado más arriba, y el resto de sociedad ignorante que aún pervive en este mundo, algún día pueda llegar a comprender que los ciegos no somos personas que no podemos más que estar encerrados en nuestras casas, que gracias a Dios actualmente podemos estudiar una carrera (como es mi caso) y encontrar un trabajo totalmente digno, como el resto de la población y, como todo hijo de vecino, llevar una vida de la forma más normal.

domingo, 14 de marzo de 2010

De compañías aéreas...

Bueno, después de un largo tiempo desaparecida vuelvo a estar por aquí. Como siempre, entre la universidad y la música voy bastante liada, pero por suerte he encontrado un hueco para contaros otra de mis experiencias.

Hoy me voy a meter con una de esas típicas compañías de bajo coste, que sólo tienen de bueno lo de ser de bajo coste, y que en lo demás son realmente un desastre. Os diré que se trata de la compañía Vuelin, con la que yo, personalmente, no voy a volver a volar en mi vida (y espero que mi experiencia sirva de aviso a los ciegos y deficientes visuales que puedan leerla).

Pues bien, la cuestión es que la semana pasada, un grupo de jóvenes afiliados a la ONCE teníamos que viajar a Barcelona, donde se celebraban unas jornadas de orientación para estudiantes ciegos y deficientes visuales programadas por dicha organización. Bueno, pues llegamos al mostrador de la compañía en cuestión. Entregamos nuestros documentos de identidad para poder sacar las tarjetas de embarque. Hasta ahí todo normal, hasta que le dijimos a la señorita (por llamarle de alguna forma) que se encontraba en el mostrador que avisara al servicio de asistencia, para que viniera a buscarnos y nos acompañara hasta la puerta de embarque.

Pues a la fenómena no se le ocurre decirnos otra cosa que "Lo siento, pero es que en esta compañía hay establecido un límite de sillas de ruedas que pueden viajar a bordo".

"¿Pero y ahora qué dice ésta?" Pensé yo. Entonces le intentamos explicar, de la mejor manera que pudimos, que aquí ninguno de nosotros tiene ningún problema en los pies, simplemente no vemos nada y podemos andar perfectamente, y que sólo necesitábamos a una persona que nos acompañara hasta la puerta de embarque.

Pero la del mostrador seguía en sus trece de querer encasquetarnos una silla de ruedas a cada una de las cinco personas del grupo, diciendo una barbaridad tras otra (y a cuál peor), hasta el punto de no querer dejarnos subir al avión por superar el límite de sillas de ruedas establecido. Al cabo del rato, se ve que una luz divina la iluminó y le hizo entender que efectivamente, lo que solamente necesitábamos era una persona que nos guiara hasta la puerta, pero, ¡anda que no le costó!

Pero esto no sólo nos ocurrió a la ida, sino también a la vuelta. Cuando nos dirigimos al mostrador correspondiente en el aeropuerto de Barcelona, nos encontramos con un petardo que le sucedió tres cuartos de lo mismo, hasta que recibió esa iluminación divina de la que hablábamos antes, que le permitió comprender con claridad que nosotros no necesitamos sillas de ruedas. He de aclarar que no habría contado nada de esto si solamente nos hubiera ocurrido en uno de los dos aeropuertos, pero es que en los dos nos ocurrió la misma historia.

Ya sé que esta entrada es muy mala publicidad para Vuelin, pero, lo siento, yo no tengo culpa de que en sus mostradores tengan trabajando a personas que no tienen ni la más mínima idea de nada, que hubiesen hecho las cosas bien desde un principio, así yo no habría tenido que escribir esta entrada que les hace tan mala publicidad.

Pues nada, si a alguno le ha sucedido algo parecido, le invito a que deje un comentario y nos lo cuente. ¡Hasta pronto!

domingo, 31 de enero de 2010

Cine a ciegas

Bueno, no sé si alguno de vosotros habrá probado a vendarse los ojos y ver una película sin quitarse la venda en ningún momento, teniendo así solo el audio y no las imágenes. Pues precisamente es lo que nos ocurre a las personas ciegas a la hora de ir al cine o ver una película en la tele. No tenemos imágenes, así que nos hemos de conformar sólo con seguir la historia a través de las voces y los sonidos.

Y supongo que os preguntaréis, ¿esto es posible? Pues sí, lo es. ¿Y cómo? Pues os cuento. Hace ya una buena temporada (no sé desde cuando exactamente) la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE) puso en marcha un sistema conocido como Audesc (de audiodescripción). Este sistema consiste en que, durante los momentos en que sólo aparecen imágenes y no audio, una voz en off va narrando con todo detalle las acciones que van ocurriendo durante la película (gestos de los personajes, el paisaje, el espacio, etc.)
Y para que veáis una muestra de cómo funciona este sistema, aquí os dejo un enlace desde el que os podréis descargar una película en sistema audesc. Se trata de un archivo en mp3, así que no tendréis las imágenes, con lo que podréis vivir la experiencia de primera mano. Se trata de la película Tacones lejanos, de mi director de cine favorito, Pedro Almodóvar. Podéis entrar al siguiente link.

http://www.sendspace.com/file/0ro8ke

Por si acaso os fallara un poco el inglés, os informaré de que para llegar al enlace de descarga, sólo tenéis que darle al botoncito que pone Regular download, y una vez dentro, buscar el link que diga Tacones lejanos. pincháis en él y automáticamente podréis descargarla a vuestros ordenadores.

Si tenéis algún problema a la hora de descargarlo, me lo decís y os ayudo.

Pues venga, un besazo, ¡y que lo disfrutéis!