domingo, 14 de marzo de 2010

De compañías aéreas...

Bueno, después de un largo tiempo desaparecida vuelvo a estar por aquí. Como siempre, entre la universidad y la música voy bastante liada, pero por suerte he encontrado un hueco para contaros otra de mis experiencias.

Hoy me voy a meter con una de esas típicas compañías de bajo coste, que sólo tienen de bueno lo de ser de bajo coste, y que en lo demás son realmente un desastre. Os diré que se trata de la compañía Vuelin, con la que yo, personalmente, no voy a volver a volar en mi vida (y espero que mi experiencia sirva de aviso a los ciegos y deficientes visuales que puedan leerla).

Pues bien, la cuestión es que la semana pasada, un grupo de jóvenes afiliados a la ONCE teníamos que viajar a Barcelona, donde se celebraban unas jornadas de orientación para estudiantes ciegos y deficientes visuales programadas por dicha organización. Bueno, pues llegamos al mostrador de la compañía en cuestión. Entregamos nuestros documentos de identidad para poder sacar las tarjetas de embarque. Hasta ahí todo normal, hasta que le dijimos a la señorita (por llamarle de alguna forma) que se encontraba en el mostrador que avisara al servicio de asistencia, para que viniera a buscarnos y nos acompañara hasta la puerta de embarque.

Pues a la fenómena no se le ocurre decirnos otra cosa que "Lo siento, pero es que en esta compañía hay establecido un límite de sillas de ruedas que pueden viajar a bordo".

"¿Pero y ahora qué dice ésta?" Pensé yo. Entonces le intentamos explicar, de la mejor manera que pudimos, que aquí ninguno de nosotros tiene ningún problema en los pies, simplemente no vemos nada y podemos andar perfectamente, y que sólo necesitábamos a una persona que nos acompañara hasta la puerta de embarque.

Pero la del mostrador seguía en sus trece de querer encasquetarnos una silla de ruedas a cada una de las cinco personas del grupo, diciendo una barbaridad tras otra (y a cuál peor), hasta el punto de no querer dejarnos subir al avión por superar el límite de sillas de ruedas establecido. Al cabo del rato, se ve que una luz divina la iluminó y le hizo entender que efectivamente, lo que solamente necesitábamos era una persona que nos guiara hasta la puerta, pero, ¡anda que no le costó!

Pero esto no sólo nos ocurrió a la ida, sino también a la vuelta. Cuando nos dirigimos al mostrador correspondiente en el aeropuerto de Barcelona, nos encontramos con un petardo que le sucedió tres cuartos de lo mismo, hasta que recibió esa iluminación divina de la que hablábamos antes, que le permitió comprender con claridad que nosotros no necesitamos sillas de ruedas. He de aclarar que no habría contado nada de esto si solamente nos hubiera ocurrido en uno de los dos aeropuertos, pero es que en los dos nos ocurrió la misma historia.

Ya sé que esta entrada es muy mala publicidad para Vuelin, pero, lo siento, yo no tengo culpa de que en sus mostradores tengan trabajando a personas que no tienen ni la más mínima idea de nada, que hubiesen hecho las cosas bien desde un principio, así yo no habría tenido que escribir esta entrada que les hace tan mala publicidad.

Pues nada, si a alguno le ha sucedido algo parecido, le invito a que deje un comentario y nos lo cuente. ¡Hasta pronto!