martes, 23 de noviembre de 2010

“¡Cuidado con el escalón!” O cómo guiar a una persona ciega

Hace algunos días salí a cenar con un grupo de amigos, algo natural en la vida cotidiana de cualquier persona. Íbamos andando por la calle de forma normal. En un momento dado, el chico que en aquel momento me guiaba detuvo su paso y me dijo: “¡Cuidado con el escalón!” Muchas personas pensarán: “claro, te avisa para que no tropieces”.

Pero eso es justo una forma incorrecta de guiar a una persona ciega. Así pues, esta anécdota me ha dado la idea de comentar algunas pautas fundamentales que debe conocer alguien que, por la circunstancia que sea, deba hacer de guía de una persona ciega y nunca en su vida lo ha hecho.

Deja que el ciego te tome del brazo y anda medio paso por delante de él. De esta forma, podrá seguir los movimientos de tu cuerpo, y así saber si subes o bajas un escalón, si vas hacia delante o hacia atrás, o si giras a la derecha o a la izquierda, y le dará tiempo a reaccionar. No hace falta que pongas tu brazo en tensión, sino todo lo contrario (más que nada porque quizá podría acabar resentido si debéis realizar un largo recorrido juntos y lo llevas mucho rato en tensión). Así tampoco deberás interrumpir la conversación que estéis teniendo cada dos minutos para indicar que hay un escalón, o que vais a girar, etc.

Cuando debáis pasar por un camino o pasillo estrecho, sólo mueve tu brazo lijeramente hacia tu espalda. Con este gesto, la persona ciega entenderá que debe situarse detrás de ti para pasar. Después de haber pasado, regresa tu brazo a la posición normal.

Recuerda también que el hecho de que una persona sea ciega no quiere decir que necesite andar a una velocidad más lenta que la tuya. En este caso, el ciego se adaptará a la velocidad que tú lleves sin ningún problema.

Ah, y otra cosa muy importante. Si por lo que sea tienes que ayudar a un ciego, por favor, no le empujes. Hay gente que, por pura ignorancia, tiende a agarrarle por la espalda e ir empujándole para que ande. Fue lo que me pasó el otro d´´ia con el conductor de un autobús. El motor se fastidió y tuvimos que cambiar de coche, por lo que él me ayudó a subir al otro bus, y mientras me iba guiando lo que hacía era que me empujaba. Y esto, mi querido lector, es un error garrafal. Si tienes que guiar a alguien, hazlo de la forma que se indica más arriba. Porque si empujas, causas inseguridad a la persona.

Remite esta información a todo el que sea posible, pues creo que hay mucha gente a quien le interesaría conocerla. Gente como un hombre a quien me encontré un día en la iglesia en una de las ocasiones en las que tenía una actuación, que se notaba que no había guiado a un ciego en su vida, pues para subir un simple escalón me levantó literalmente del suelo.

Si tienes alguna duda o sugerencia, no dudes en preguntar o decir lo que quieras... ¡para eso estamos!