jueves, 19 de abril de 2012

Cosas raras (2ª entrega)

Después de un tiempo, volvemos con una nueva entrega de Cosas raras
que me han ocurrido con la gente que, por ignorancia, desconoce laceguera.

1. Mi novio es también invidente. El primer fin de semana que vino a mi ciudad a verme, una de las noches fuimos a cenar a un restaurante de esos que tienen música en vivo. Como aquello estaba un poco apartado, cogimos un taxi para volver al hotel donde nos estábamos quedando. El trayecto en taxi fue de lo más normal, hasta que, cuando llegamos a nuestro destino, al taxista no se le ocurre decir otra cosa que: “Ahí tienen ustedes la luz...”. Nosotros, tranquilamente, le dijimos: “Pues no sé para qué la queremos, porque para lo que vamos a ver...”. El pobre se quedó sin saber qué decir. Es que nosotros dos también somos un poquito malos (jajajaja).

2. Precisamente ayer me ocurrió la última “cosa rara”. Al lado de la parada del bus en la que me bajo para ir a mi casa, hay un taller de coches. Yo vivo al otro lado de la calle, llegando al final. Siempre que me ven, los chicos del taller salen y me acompañan, pues aunque yo conozco el camino, una ayuda nunca viene mal. Pues bien, ayer sale uno de ellos , que por lo visto tenía que ir a algún sitio en coche, por lo que me dijo que subiera para llevarme. Cuando abro la puerta, va y me suelta: “¿Tú te has subido alguna vez en un coche, verdad? ¿Sabes cómo va esto?”. Y le digo yo: “Claro, ¡por supuesto”. Pero por dentro pensaba: “Pero tío, ¿te crees que no vivo en este mundo, que soy de otra galaxia?”. Hay que ver lo que es capaz de hacer la ignorancia humana...

3. Y esta última, para que veáis a dónde llega la imaginación de la gente respecto a la manera en que vivimos y hacemos las cosas. Hace unos días, una mujer que iba por la calle se enganchó a mí y me acompañó desde la universidad a la parada del bus. Al no conocerla de nada, por si acaso, yo iba con un brazo agarrándome a ella y, con el otro, manejando mi bastón, por lo que pudiera ocurrir. El bastón lleva una especie de bola en la parte de abajo, que viene a hacer función de rueda, para poder llevarlo mejor por el suelo. En un momento dado, ella medice: “Bueno, la puntita del bastón tiene un sensor por el que se te informa si vienen coches, delante de qué sitio estás y todo eso, ¿verdad?” “No señora –le digo yo-, todavía los bastones no son tan sofisticados. La puntita del bastón sólo sirve para que se deslice mejor por el suelo. A nosotros no nos queda otra que aprendernos las calles”. Se quedó flipando en colores, pero lo cierto es que ha inventado un nuevo modelo de bastón para ciegos. Con un sensor en la puntita, como dice ella, y unos cascos, y a través de no sé qué sistema de programación una voz te diga: viene el bus, o estás en este o en otro sitio. ¡Sería la caña, la verdad!

Venga, luego nos vemos.